miércoles, 21 de enero de 2015

No estás tan lejos.

La distancia de todo un año
no vale nada
en comparación a sentirte
dos minutos.

Por cada kilómetro paso 60
segundos
pensándote
y las curvas del camino
se fusionan con mi cuerpo
queriendo ser recorridas
que no con millas, sino
con besos.

En la cuneta
descansa el drogadicto
después de meterse la raya
que divide lo real de mis sueños.

Ando descalza por este asfalto
tan incandescente como esta lengua,
tan negro como esta noche
que sólo amanece con tus lunares.

Las piernas a las diez y veinte
y un bocado a las doce.
60 segundos, he dicho.
Casi 11 horas
en las que cada día
estás
aquí

conmigo.