Yo, que visto de seda
cuando no llevo ropa,
que rehuso a usar perfume
para seguir oliendo a mujer.
Yo, que siempre huelo
a sexo y a humo,
que por mucho que digan los anuncios
una femme fatale no huele a flores.
Yo, que provoco un maremoto
cada vez que mis piernas tiemblan,
ahora que mis bragas y mis tobillos
han hecho lazos.
Yo, que ahogo mis gemidos
con las ondas de mi pelo,
y ahondo mi pecho más veces
de las que quisiera decir.
Yo, que conozco mi cuerpo
y que sigo adentrándome en cada rincón
por si quedan secretos por destapar.
martes, 27 de mayo de 2014
Tengo
una mancha en mi cama
que todas las noches me recuerda
la magia que un día salió
de nuestro polvo.
Tengo
un cuerpo repleto
de curvas que se acarician solas
de lunares que viajaron al cielo
de cicatrices que antes fueron llagas
y antes cadenas.
Tengo
un océano de placeres
que no vertí en otras pieles.
Tengo
una línea difusa y (re)corrida
por mi vientre
que acaba en un salto
al vacío más lleno
de ti.
una mancha en mi cama
que todas las noches me recuerda
la magia que un día salió
de nuestro polvo.
Tengo
un cuerpo repleto
de curvas que se acarician solas
de lunares que viajaron al cielo
de cicatrices que antes fueron llagas
y antes cadenas.
Tengo
un océano de placeres
que no vertí en otras pieles.
Tengo
una línea difusa y (re)corrida
por mi vientre
que acaba en un salto
al vacío más lleno
de ti.
martes, 6 de mayo de 2014
La Odisea
Poeta del silencio,
lo llamaba yo.
La ausencia hecha línea,
que no verso.
Poeta quieto,
le decía yo.
El movimiento en una mirada,
el recuerdo.
Poeta sin voz,
pensaba yo.
Y sólo era Ulises
olvidando a Penélope
surcando a una sirena.
Y mientras entre telares
se teje el complejo de la espera
en constante rojo
el hilo que fue su sangre
pasa y tensa sus cadenas.
Pero Ítaca ya estaba hundida
y el mar destejió los restos
haciendo de su espuma,
una alfombra.
lo llamaba yo.
La ausencia hecha línea,
que no verso.
Poeta quieto,
le decía yo.
El movimiento en una mirada,
el recuerdo.
Poeta sin voz,
pensaba yo.
Y sólo era Ulises
olvidando a Penélope
surcando a una sirena.
Y mientras entre telares
se teje el complejo de la espera
en constante rojo
el hilo que fue su sangre
pasa y tensa sus cadenas.
Pero Ítaca ya estaba hundida
y el mar destejió los restos
haciendo de su espuma,
una alfombra.
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