martes, 31 de diciembre de 2013

Finales alternativos - Serie de relatos cortos



I





Ella se quedó en aquel bar, repleto minutos antes. Había bailado con él, que devoraba con sus profundos ojos azules la hermosura que salía de cada poro de su tostada tez, cuando se inclinó sobre su oreja y apartándole el cabello le susurró al oído: quédate. Así que allí estaba, sentada en aquel taburete que dejaba a sus pies balancearse en el aire, esperando una cerveza de aquel chico de ojos azules. Ella pensó que había algo adorable en su comportamiento, directo pero sutil, detallista sin ser pegajoso e increíblemente irresistible a pesar de no resultar guapo. Había ido acumulando una serie de situaciones breves pero intensas, en las que lo descubría observándola, con atención pero discreto, mientras ella se colocaba las flores en el pelo, fregaba la cena o leía en la hierba. 

Apenas bebieron dos tragos de su cerveza y la impaciencia flotaba en el ambiente, esos minutos mágicos de atracción eléctrica, de tensión no resuelta, comenzaban la cuenta atrás: 

Tres. Su cabeza inclinada sobre la de ella.

Dos. Las narices tocándose y el suave roce de los labios a punto de estallar.

Uno. Su mano apretándole fuerte la cintura. 

Cero. Explosión de calor en el beso más perfecto que le habían dado nunca. 

Los labios fundiéndose, el sabor más puro que pudiesen probar concentrado ahí: en una pista de baile, entre dos personas que apenas saben sus nombres, pero conectados por una chispa incendiada en aquel movimiento. Decidieron irse a casa. Hacía una noche perfecta, pasearon en silencio, pero con las manos enlazadas, sumergidos en aquella marea mágica que los arrastraba hasta lo más profundo, y los adentraba en nuevos recovecos aún por explorar. Se pararon ante aquella casita, se miraron y no les hizo falta hablar para saber que pensaban lo mismo. Salieron por la ventana de la cocina, con los sacos de dormir y las mantas, y los extendieron en aquella colina verde de ese jardín maravilloso, mientras la oscuridad de la noche parecía protegerlos de ojos ajenos. 

Se escondieron en aquella balsa de telas, rumbo a los océanos más salvajes y deseados. Él se tumbó sobre ella, dejando caer todo el peso en sus musculosos brazos, mientras sin parar de besarla, le hacía el amor con la mirada. Los astros tiritaban de vergüenza ante esa muestra de lujurias sin pudor. Aquel fuego que nacía de sus gemidos, apagados por la intensidad de la oscura madrugada, aquel calor que emanaba de sus cuerpos llenos de vida y deseo. 


Se derramaban entre las sábanas de aquel lecho improvisado donde al llegar la mañana el sol les bañó las caras.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Yo soy

Yo soy
indomable.
Cabello de furias al viento
jinete rojo que impulsa las venas.

Yo soy
oleaje bravío
en tus entrañas
el rojo en mis labios.

Yo soy
rabia heroica
que no se deja avasallar
brisa arrolladora
y movimientos de carmín.

Indómitas palabras
que te susurran:
quiéreme
aunque yo no lo haga.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Guerras de colchón

Las cicatrices que habitan mi piel,
son de las guerras en las que participamos.
Son de batallas perdidas y batallas ganadas
en la trinchera de mis vanos.
De sueños y paredes que nos vieron
cabalgar
a lomos del amor
en la cama.

Nos vieron luchar sin bando
lanzando granadas desde el pecho
hasta que murió el placer
entre tus manos.
Conflictos bélicos sin tregua, cansancios de alto el fuego
y carreras de flujo en nuestros campos.
Envidiaron nuestra paz al rendir las banderas,
y desearon alzar sus mástiles
mientras araba con uñas y dientes
las tierras de tu espalda.
Las ventanas abiertas nos dieron fuego a indiscreción,
caímos abatidos sobre las colinas del colchón,
hiciste blanco en mis fronteras y te dije
"alláname los montes".
Se amotinaron mis ganas en tus barricadas
y la anarquía tomó el mando
de mi ánima apátrida.
Rebelión de cabellos en tu frente,
incursiones ilícitas en los fosos
guerrillas clandestinas de revolución en mis terrenos,
fusil en mano, adentrándose en las cordilleras
de gloria y pedestales.
Conquistamos cielo y suelo,
y nos lamimos las ofensas si los proyectiles acertaban
sin previo aviso.
Derribamos todo atisbo de inseguridad percutida
por las armas de la timidez
haciendo el amor
y no la guerra.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Soneto a la cerveza

Rubia envuelta en cristal hermoso
que te adentras en mi mundo y reinas
glacial. Que me sumerges, gélida
en los deseos de tus más bajos fondos.

Ámbar de luces que destellas sabor
por cada dorada gota en tu cuerpo.
Me gustas aún más cuando llevas puesto
tu áureo vestido embotellado.

Eres en tu seno recreo etílico,
lluvia tostada y ola de calor.
Recipiente donde llora el olvido.

Eres cuna y eres lecho del amor
cuando la soledad te llama a gritos
y tú llegas a ahogarla con alcohol.
Todo lo que hay en mi
está hecho para el placer.

El tintineo de mis pendientes con tus vaivenes,
la suavidad de mi pelo por las noches,
mis manos pequeñas pero precisas,
y unas piernas que se bajan solas las medias.

Uñas largas para agarrarme a tus gemidos,
labios gruesos para que no quede ni un centímetro de ti
sin besar,
lengua rápida para lamer penas
y ojos profundos que despierten tu deseo
de hundirte en mi.


sábado, 7 de diciembre de 2013

Imaginaciones

Me gusta imaginarte imaginándome,
o mordiendo ese hueso de mi cadera que me hace estremecerme
o pasando un dedo por el surco de mi espalda.

Me gusta imaginarte rozando mis labios, bebiéndome,
con una mano apretándome contra ti y la otra en mi pelo.

Me gusta imaginarte mirándome y desapareciendo entre mis muslos
lamiéndome las ganas.

Me gusta imaginarte imaginándome,
contra la puerta o a cuatro patas,
con una mano apretándome contra ti y la otra en mi pelo.

Embistiendo en mis caderas
con la rabia de la distancia.

Me gusta imaginarte imaginando
que sueño contigo
y lo que no sabes
es que el sueño eres tú.


miércoles, 4 de diciembre de 2013

El cielo no es verde,
verde es el suelo,
el césped por donde pisamos.

El cielo es azul,
aunque a veces tenga nubes
y llueva.