Publico estos fragmentos (un poco versionados) de un poema de Ernesto Pérez Vallejo que ya me gustó en su día, pero que hoy tiene más sentido que cualquier otra cosa que haya leido en mi vida.
Subo la persiana,
el cielo está indeciso.
(El gris no es un color, es una duda)
Que la violación mental no sea un delito es un alivio.
Tomo café, casi negro, como mis pulmones,
en la nevera hay una nota:
"Mañana vendrá a verte el hombre de tus sueños"
Pero siempre es mañana.
Si no tienes enemigos es que no has dicho una verdad en tu puta vida,
si no tienes amigos es que no sabes mentir.
Bajo la persiana.
(El negro no es un color, es un secreto)
Me tumbo,
pongo una canción,
suena como si tú tuvieras la culpa de todo el desamor del universo.
Y a mi lo que me duele de verdad es
no dolerte.
Y
no esta jaqueca de pensarte.
Me estoy rompiendo los nudillos
de llamar a la puerta de la indiferencia,
a estas horas antes
venías del trabajo y recopilabas todas mis sonrisas
primero alfabéticamente,
luego por colores,
más tarde las juntabas con las tuyas,
las lanzabas al aire como si fuera una moneda
y desnudos sobre la alfombra nos las follábamos,
tú las mías y yo las tuyas.
Ahora, subo y bajo la persiana,
gris y negro,
espero,
como si hubieras escrito en la suela de tus zapatos
volveré un día de estos
y te pintaré de azul
el cielo de la boca.
Cuando tu vida depende de una persona
y esa persona no eres tú mismo
puedes darte por jodido.
Así estoy precisamente
jodida y no jodiendo.
Triste.
La tristeza es el único sentimiento más rápido que la luz.
Ahora ha cambiado su foto de perfil,
tiene los ojos más verdes que nunca,
(el verde no es un color, es una ausencia)
Está agarrado a una mujer,
una de verdad,
de esas que no tienen enemigos,
y mientras yo vomito una melodía enquistada en mi cerebro
mi orgullo tambaleándose hasta la cocina
arranca una nota de la nevera.
Otra vez.