Ayer se me ocurrió una idea. Tengo una cinta de raso de un proyecto de costura que me ha sobrado.
Mañana he quedado contigo, y he pensado que voy a llevar un lazo en la coleta. No por decorar, ni por parecer más mona, sino estratégicamente pensado para poder usarlo si se da el caso.
El caso es que quiero hacerte de todo.
Quiero llegar a tu casa, tocar al telefonillo, que me recibas en tu puerta con la ropa de andar por casa y la sonrisa puesta. Que te alegres de verme, y me beses lento. Pasar a tu habitación, a esa mezcla de incienso y tabaco con luz tenue y música que no conozco. Que vuelvas a besarme y aprovechar para empujarte hacia la cama mientras me siento encima tuya. Hoy me he puesto falda para notarte más cerca, por tener mayor amplitud de movimiento en las piernas y porque cae sobre las caderas desde mi cintura, ahora mermada. Me recreo en tus labios, lamiéndolos a poquito, dando algún bocado suave de vez en cuando. Te noto debajo, y oscilo un poco sobre tí, para que te quede constancia. Te fuerzo a tumbarte, y desato mi lazo del pelo mientras me miras con los ojos curiosos y traviesos del que intuye que va a hacer algo prohibido. Hago un nudo que deja dos lazadas a modo de esposas, me sale rápido y fluido, he estado practicándolo en casa. Te ato las muñecas con él, y luego éste al cabecero. Quedas inmovilizado mientras que me sigo frotando contra tí, y me quito la camiseta para dejar al descubierto un sujetador de encaje que deja ver la forma de gotas de agua de mis pechos. Esos pechos que no puedes tocar. Que no te dejo tocar. Sé que eso te frustra y te excita a partes iguales. Te quito los pantalones. Te enseño por debajo de mi falda lo húmeda que estoy, me acaricio un poco y te meto los dedos en la boca para que pruebes lo que aún no podrás tener. Te lamo el torso, la zona alrededor del ombligo, las caderas, las ingles, la cara interior de los muslos. Recorro con la lengua desde el perineo hasta el glande, y me recreo comiéndotela, viéndote sufrir por no poder tocarme, gimiendo atado a tu cama, con las muñecas semi marcadas por la tensión del lazo. Intuyo que estás a punto, y acelero hasta que te corres en mi boca, y al fin me lleno de tí. Libero tus manos, que me acogen y me atraen hacia tí, para abrazarme mientras suspiras.
Y ahora me toca a mí.