No los aviones,
no los que tengan dinero en sus carteras,
ninguno de traje,
volarán los niños, inocentes, felices,
infantes arropados por el aire, enamorados de la mano;
también un soñador despierto en su café,
y una chica agarrada a su globo de esperanzas,
ilusos por vana definición de un mundo que cae.
Volarán más torpes que eficaces,
más fuertes que débiles,
desaparecerán las cometas, quedarán las plumas,
desaparecerá la tristeza, y volverán las risas.
La felicidad serán pocos, activos, locos,
volarán sin fe. Y sus alas, la sonrisa:
la cura más efectiva que se puede inyectar a un infeliz.