A veces para ganar, hay que perder.
Para ganarle a la rutina, hay que perder los relojes.
Para ganarle a la picardía, hay que perder la vergüenza.
Para ganarle al amor, hay que perder la cabeza.
Para ganarle a la muerte, hay que perder la vida.
Para ganarte a ti mismo, tienes que perderte.
Pero lo que nunca hay que perder,
Es la esperanza.
¿Sabes? ya no me dueles.
Ya no.
Ya no.
Ahora, puedo perderme tranquila.
Sin que me encuentres.