sábado, 3 de agosto de 2013

El circo del Sol

- Por favor camarero otra copa de ron. No me hagas preguntas, esta vez no.

No es nada grave, sólo muy poco amor, y que el tiempo no termina de llevarse el dolor.*

Había estado en esa barra, en ese mismo bar, días antes. Su sueño había sido tan real que se preguntaba por  qué el camarero ya no quería mirarla.

Se sentía equilibrista con vértigo, malabarista torpe, contorsionista con lumbalgia, payaso sin nariz. Se refugiaba en la lectura y el arte, pero cuando ya no podía más, acudía al bar. Sentía que allí le aguardaba un sitio, su taburete junto al lavabo de señoras siempre estaría libre para ella. Le gustaba la música alta porque así no podía oír sus propios pensamientos. Le gustaba que nadie la mirara. Suficientes problemas tenía la gente que acudía a aquel sitio como para inmiscuirse en los suyos.

Hacía demasiado frío para llover.
Y así se sentía ella, demasiado triste para llorar.

Se acabó la bebida y se fue a casa. Aunque no fuera un hogar. Le parecía limpio, blanco, vacío, y por ello era horrible. "Deja la luna entrar", rezaba la canción desde su portátil. Y ella abrió la persiana, pero esa noche no había luna, así que fue a por un vaso de leche.

Algo parpadeaba en su móvil. Un email.

Parece que la luna había salido. Se dibujaba en su cara, en forma de sonrisa.

Era incluso mejor que el Circo de las Mariposas. Era el Circo del Sol. Un circo donde se daba cabida a los vertiginosos equilibristas, los torpes malabaristas, los contorsionistas doloridos y los payasos que no hacían reír  Siempre y cuando tuvieran el valor, de seguir luchando con una sonrisa.

"He perdido la batalla, pero ganaremos la guerra", pensó. Y por primera vez en unos meses, pensó en plural. Y pensó en un piso como circo, unas sábanas como carpa, y la línea que separa dos cuerpos como una cuerda floja desde donde hay que saltar.







*Frases sacadas de la canción "Por favor" de Diego Álvarez