"Nos tiraron del pelo. Nos cortaron el pelo. Nos tomaron el pelo. Y nos salvamos a veces por los pelos."
~Carlos Salem~
Un día, saliste a perseguir la mentira
y te burlaste de las verdades,
dijiste tú sí y tú no,
como si pudieras escoger qué estrellas
brillarían esa noche.
Declaraste con la mano cerrada y el corazón quitado
para callar todos los sentimientos que salían
a quitarte la razón.
Hiciste que en mis ojos creciera un soplo de duda
ante el suicidio artificial del amor.
Y luego esquivaste las miradas y las letras y letras de poemas
a los que cambiaste los nombres.
No esperes, ahora que vas a contratiempo,
que vaya a aceptarte los relojes pese a todo,
con esta rabia prescrita después de que despreciases mi tiempo
mientras corría en sentido contrario.
No esperes que me ponga de rodillas como quisiste
porque todavía sangran mis heridas
en esas llagas de insomnio y rutina voy a quemar mi pretérito
y a curar con alcoholes
y a mancharte de sangre las manos,
con tus propias armas.
En el camino de la vida alguien sólo puso escaleras,
que llevaban a lo más alto para luego dejarte caer,
sin probar ese trozo de cielo
que nos prometieron y no llegaba.
Jugaste con mis palabras hasta dejarlas mudas
y les negaste el juicio para callarlas,
y después me condenaste a soltarlas.
Porque detrás de cada rabia en las letras de los poemas se acumularon lágrimas,
y en cada sueño que entraste a quemar pieles, en cada pensamiento con tempestades en los labios,
en cada peldaño de hierro que pusiste en nuestra historia
hubo una voz que no va a callarse ninguno de mis sentimientos rotos.
La huella en mis curvas de tus caricias
me sombreó un aviso en las caderas,
y ahora te apunto con mi lápiz,
porque su lastre es mayor que el de tus disculpas.
Bailo, sin el miedo a lo desconocido que infundiste en mis pasos
y me quito la ropa para desafiar mis paredes.
Llevo el brillo de la luna en la sonrisa
y es por eso que puedo prescindir de las noches
sin estrellas.
La rapidez de tus huidas me da que pensar
que sólo pretendes escuchar las palabras bonitas.
Detrás de cada fuga hay un ejército de furias deseando ser desatadas,
hay resacas suprimidas porque venían con tus mareas,
hay todo lo que nunca quisiste que reluciera.
En el despertar de mi mañana sólo se oirán mis sueños,
en el final de la noche serán mis gemidos lo que quede.
Espero que te hayas preparado para el olvido, porque él se ha vestido con mis mejores tacones
y se ha pintado los labios con la más roja de las barras: la de la lucha
para despedirte.