Me gusta imaginarte imaginándome,
o mordiendo ese hueso de mi cadera que me hace estremecerme
o pasando un dedo por el surco de mi espalda.
Me gusta imaginarte rozando mis labios, bebiéndome,
con una mano apretándome contra ti y la otra en mi pelo.
Me gusta imaginarte mirándome y desapareciendo entre mis muslos
lamiéndome las ganas.
Me gusta imaginarte imaginándome,
contra la puerta o a cuatro patas,
con una mano apretándome contra ti y la otra en mi pelo.
Embistiendo en mis caderas
con la rabia de la distancia.
Me gusta imaginarte imaginando
que sueño contigo
y lo que no sabes
es que el sueño eres tú.