viernes, 7 de marzo de 2014

Cuando las ojeras son bonitas

Las ojeras eran bonitas.
Eran bonitas cuando tú eras causante
del cansancio de mis ojos.
Cuando su máxima era dormir
(o no dormir) contigo
y no se cansaban de (ad)mirarte.

Cuando se ruborizaban al verte
y entonces las partes bajas
de mis párpados se tornaban en morada.

Las ojeras eran bonitas cuando tú
hablabas sobre ellas.
Cuando no llevaban la carga de estar trabajando
y sólo tenían la obligación de estar contigo.

Las ojeras son bonitas si te cuelas en mi sueño
y me deseas buenas noches
aunque ni siquiera esté durmiendo.

Mis ojeras son bonitas si tus aviones aterrizan en ellas
para volver a enseñarles lo que es volar.
Y es que mis ojeras sólo son bonitas
si estás tú cerca
para crecerlas.