martes, 6 de mayo de 2014

La Odisea

Poeta del silencio,
lo llamaba yo.
La ausencia hecha línea,
que no verso.

Poeta quieto,
le decía yo.
El movimiento en una mirada,
el recuerdo.

Poeta sin voz,
pensaba yo.

Y sólo era Ulises
olvidando a Penélope
surcando a una sirena.

Y mientras entre telares
se teje el complejo de la espera
en constante rojo
el hilo que fue su sangre
pasa y tensa sus cadenas.

Pero Ítaca ya estaba hundida
y el mar destejió los restos
haciendo de su espuma,
una alfombra.