Llevo en mis labios el sinónimo de J&B, y la metáfora del sonido de las letras de tu nombre resonando en alguna sala en la que no estás, y no te puedo ver bailar. Por eso me he dedicado a escribir cartas con una letra que ni Satanás creó, un garabato que ni la representación de Coltrane; pero seguro que será mejor que cuando duerma, cuando mi otro yo guerrero combata contra los monstruos que están escondidos en cada negación de la luz de tus ojos. Eso por no hablar de la gente que se ha negado a conocerte o que simplemente te vio como a una más. Cuando para mí eres parte de mi saliva y dibujas con tu pincel lo que surge de mis palabras olvidadas.
Cada noche, conjuro fantasmas en mi escritorio, les sirvo cerveza y les aliño el hachís con tabaco para que prendan. No se en qué lugar habrás colocado las promesas incumplidas, si aún me duele tu nombre en la boca de cualquiera, si algún lunes te tiemblan deudas en los labios que ya nadie podrá coser con un beso. Ni siquiera se si aún existes tal y como eras o es tan sólo mi recuerdo quién te hace.
La de horas que pasamos esbozando futuros en las calles, hablando solos en los escaparates o mirando la noche desde mi azotea; cuando creíamos que casi podíamos tocar el cielo. Teníamos el marco perfecto y nada que dibujar.
Y puedo sufragar mil naufragios universales, claro, sin embargo me pierdo en esta discreción de disparos que hacen blanco en mi cuerpo, entumeciendo mis ganas de luchar por tí.
Me encontré a tus amigos, y me dijeron que te quieres ir de aquí, que la ciudad te agobia, que este país te quita las ganas de vivir. Dicen que te duele el costado izquierdo, de cargar con la geografía a cuestas, que se te ha desgastado la voz, y que solo en la plaza encuentras cobijo: donde mora el Sol encendiste la chispa; y me diste 15 motivos para confiar en ti.
Pensaba que te había perdido, pero te vi, allí, más viva que nunca. Tus heridas son semillas y con tu dolor nos contagiaste la fuerza. Sólo creo en el destino porque me puso la zancadilla para caer en tus brazos.
Es difícil, pero basta una ligera brisa para prender la mecha con la que tanto incendias. Un leve soplido rutinario, una palabra.
¿Te imaginas
que una sola palabra
fuera suficiente
para incendiarte? ·
*Este no es un poema para una chica. Es un poema para la libertad y la esperanza.
*Gracias al grupo de trabajo: Carlos, Bea, Marta, Víctor y Sabela.