que ni tú ni yo entenderemos dentro de unas horas
a pesar de llevar grabado a fuego
el mensaje en la piel.
Me derrumba cada vistazo a tus ojos verdes
y me incendia cada palabra de tus labios.
Sigo aquí, como todos esos días
en los que te he necesitado
y tu ni siquiera
te percutiste
de mis
ausencias.
Podrías engañarte de muchas maneras
pero los dos sabemos
que la respuesta que buscamos
se escurre siempre
cuando no hay aire
entre nosotros.
Y es por eso que lloraba
y me dolía.
Lloré tanto y con tanto dolor
como si se me fuera una vida
en cada una de mis lágrimas
sobre tu hombro.
Con el estómago hecho puré
y el corazón hecho trizas
Con una cara de tristeza profunda,
haciendo valle de mis ojos.
¿Cuánto tiempo hace que no llovía en Madrid?
En aquella noche que yo quise eterna
y tú transformaste en efímera
y perecedera
para no tener que hacerme la palabra
tampoco las disculpas
tampoco el amor.
Y no encontré más argumento
que tus cabellos
para poder hacerle sombra al sol
y de repente se hizo de noche.