Siempre se echa de menos
lo que no se tiene y es normal
que te añore
cuando nunca te tuve.
A veces me tragaria el orgullo
y todo lo que hiciera falta.
Tan solo por poder volver a sentir
el calor que me daba tu piel.
Volver a las reivindicaciones
de pelos alborotados
y ojeras trasnochadas.
Ahora no estoy segura
de si tus silencios
eran por imperativo,
y todas las persianas son testigo
de cuando dejábamos
nuestras ventanas abiertas
y las dudas al aire.
Ya sabiamos que todo esto
iba a pasar
pero dejamos en el ascensor
las consecuencias
de quitarnos la ropa
por los pasillos
y lamernos los lunares
en los cuartos
sin ni siquiera encender la luz.
Porque eramos noche
en estado puro.
Fuimos origen de tempestades
guardadas en un bolsillo,
Habíamos sido la envidia
más verde del agua,
porque nada fluía
como nuestros cuerpos
en el colchón.
Nada hacia tambalear más
una teoria que la práctica
del amor en la mesa
de la habitación.
Ni el diamante podia asemejarse,
compararse,
con el brillo de las gotas de agua
que se corrían
por tu cuerpo
cuando apenas cabíamos
en esa ducha.