Hoy sentía todas las letras en cada paso que dejaba caer sobre el asfalto. Era un día poesía, de esos que el tiempo se hace verso y rima contigo.
Además, ella había decidido ir a juego con la tormenta y llevaba un vestido de cielo. Nubes que amenazaban con lloverla y que se cernían a su cuerpo como el más caro de los trajes de seda.
Caminaba despacio, saboreando cada piedra, al ritmo de latido. De repente rompió a llover. Y ella aminoró
su velocidad. Sentía el agua en el pelo, en la cara, en el pecho, por los brazos y hasta las piernas y pensaba que al menos hoy, no era su lluvia.
Hoy lloraba Madrid la pérdida de sonrisas,
Hoy lloraba Madrid las soledades sombrías,
Hoy lloraba Madrid la poesía perdida, las frases que nunca llegó a decir, los lugares en los que no había estado.
Al menos hoy no era ella la que lloraba.