Rendirnos.
Esa siempre fue la opción más viable.
Aunque no la más fácil.
Y menos para mí.
Que me cuesta la vida no pedirte
que me hagas un tango por las noches
desvincularme de tus miedos
y atarme a tus distancias.
Tu tan sobrante y yo tan hueca
y encajábamos a la perfección.
Qué pena que la saliva no pegara.
Todo el mundo necesita alguien
que le salve.
Pero mis héroes quedan demasiado lejos.
Y no te mereces
que esté aquí.
Que llore las noches.
Que se me claven las horas, los minutos,
las miradas.
Ni estas letras.
No te mereces nada que pueda salir de mis manos
ni de mi cuerpo
ni de mi boca.