Fue como volver a los 15 otra vez.
A besarnos y manosearnos como si nadie
nos pudiera ver.
Como si nada nos pudiera pasar.
Fue un regreso a lo furtivo,
a las caricias que suben por las piernas
y bajan por la espalda
detrás de una farola.
Fue un aquí y ahora
una apuesta a doble o nada,
una locura de esas que hacía antes
de conocerte.
Fue el placer por el placer,
sin más aditivos que los mordiscos
en el cuello.
Fue correr el riesgo,
correr el rímel
y correr el semen.
Fueron los arañazos,
los bocados,
y las ganas de levantarme del suelo
aunque fuera para estar
contra un muro.