martes, 5 de noviembre de 2013

El erotismo de un café solo

Llamaste a mi puerta como quien llama al cielo. Me preguntaste no se qué de un café, pero yo sólo escuché caliente. Joder, ¿cómo eres capaz de crear esa electricidad cuando me miras?. Ese calambre que me va recorriendo el cuerpo cada vez que pasas tus ojos sobre mí. Cómo se agita mi respiración. Por dios, si ni siquiera estás haciendo nada, mírate, ahí sentado, con cara de "mi café necesita más azúcar". Perdóname si se me cae la mirada, es que eres tan inabarcable, que sólo puedo pensar en tus horizontes.
Con esa cuchara entre tus manos sólo cabe en mi cabeza "remuéveme como si fueras a beberme". Aspira mi aroma.
Que nadie diga que nos tomamos el café solo.
Me encantan tus manos calientes de la taza entre mi blusa, entre mi carne. La manera en la que echo humo cuando me tocas, empezando por abajo, para acabar en mis labios. Suave, suave, con mucho azúcar.

Sigue por favor.

Tus besos por mis límites. Las cosquillas de tu barba en mi bajo vientre. La brisa de tus soplos en la ladera de mi espalda. Noto tu impulso, cada vez estoy más arriba. Arriba. Arriba, joder. Pero no te vayas de mis valles.
No hasta que me corra
                                             un río
                                                         por la piel.

Ya casi voy por encima de las nubes y eso que ni siquiera has empezado. Para estar tan subidos somos demasiado profundos ¿no crees?.

Ahora viene la parte en la que volamos. Volamos, volamos.

Hasta dejarnos caer en picado. O en pecado.