En la inestable montaña que es tu piel
fuimos paz y fuimos guerra, extrema.
Tus resacas se van con mis mareas
que se pierden con tu instinto infiel.
Pasadas las hazañas por mis lágrimas
que anidan recuerdos tan profundos
Cuando hice de mi corazón un mundo
voy recorriéndote en las distancias.
Habiendo ya cerrado nuestros álbumes
me baño en la espuma de lo etílico
bebiéndome a sorbos tus olvidos.
Cayó la noche sobre nuestras horas
aplastando sábanas a su paso.
Ahogándome llega el ocaso.