Mi subconsciente tuvo el detalle de dejarte la ropa para que pudiera quitártela yo.
Y no sabes, de verdad que no sabes, hasta qué punto puedo hacer arder la cama.
Mira que traté de demostrártelo desde el preciso instante en el que entraste por la puerta y te dije "acércate, que tengo algo para ti", mientras me metía la mano en los pantalones.
Ya conoces lo bien que se me da quitar botones con la boca, y que me se tanto tu mapa que puedo ir a 200 por cualquier camino, sin salirme del borde de tu espalda.
Y cuánto me gusta estar arriba, y cuánto me excitan las cosquillas que hace mi pelo cuando roza mi culo si echo la cabeza hacia atrás.
Y cuánto te gusta ver mi cabeza hacia atrás.
Y cuánto deseas que gima tu nombre, y nunca lo hago porque eso sería concederte ventaja.
Te encanta cuando me vuelvo loca con tu lengua, y te tiro del pelo y te ahogo entre mis piernas, hasta que empiezan a temblar.
Sabes que me vuelvo religiosa cuando me rocías, bendito.
Como sabes bien que el arco que forma mi espalda es directamente proporcional a cuánto me chupes los pezones.
Que adoro hacerlo con la luz encendida aunque siempre cierre los ojos.
Aunque al abrirlos descubra, que todo
ha sido un sueño.