No se si son los muelles del colchón
o si es tu ausencia lo que se clava en mi espalda.
Perdóname por estas cartas
las frases
y las faltas,
pero todas las palabras que escribo
te pertenecen.
Y alguna vez yo fui tuya,
fui tuya en tu cama
en tu mesa
y en tu ducha.
Fui tuya de muchas maneras
y posturas.
Nos follábamos como si nos diésemos
la vida
y se nos fue
el amor.
Esta noche he vuelto a encontrarte
en mis sueños.
Mi subconsciente tuvo el detalle
de dejarte la ropa
para que pudiera quitártela yo.
Y me vuelvo inflamable
cuando te acercas a explotarme
y añades más dinamita
a nuestra pólvora.
Hoy he despertado con tus ausencias.
Y aún era de noche.
Abrí los ojos y pensé
que después de tocar fondo
hay que coger impulso
para volver a salir.
Pero sigo con esta distrofia
de latidos,
con este impulso de buscarte
aunque sea imposible que estés aquí.
Y menos en mi cama
y menos entre mis piernas.
Me cuesta la vida no pedirte
que me hagas un tango cuando el sol se esconde,
que mi complejo de Lolita
se me cae con las bragas
cuando vienes a lamerme las penas
hasta hacerme llorar
de placer
cuando consigues que no quede ni un centímetro
donde no hayas invertido tu saliva.
Y sería mentira si te dijera
que no quiero más caricias
de (ab)uso (u)tópico.
Porque cuando estás enamorada,
te tragas el semen
las palabras
y hasta el orgullo
si hace falta.
Y es que todos mis principios
tienen su fin
en ti.