jueves, 13 de junio de 2013

Me tumbo en el colchón sin sábanas.
Intento dormir.
Ya no queda nada y todo está vacío.
Hasta la habitación.

Dejo que me invada. La tristeza.
Pero ya por última vez.
Me ha declarado la guerra. Cara a cara.
Verso a verso.
Hacía tiempo que había vencido a la rabia.
Pero parecía que la tristeza era inmortal.
A lo mejor es que me da miedo quedarme sin nada
y por eso dejo estar a la tristeza.

Los perros no tienen la culpa de mi humor.
Joder, necesito una cerveza.

El corazón me resbala desde el techo
y se araña con el gotelé de las paredes.

Te has sentenciado. No me necesitas como juez.

No pienso pedirte una noche más.

No son mis rodillas las que tienen que sufrir.

Pero todo eso ya lo sabes.

¿Cómo puedo tener frío a 27º?

Llegas tarde,
hasta nunca.